Los restantes fieles del Milenarismo convergieron hacia varios grupos religiosos, los más importantes de los cuales son los Adventistas del Séptimo Día y la Iglesia Cristiana del Advenimiento. Los líderes del primer grupo han sido influídos por los Bautistas sabatistas, y por eso en esa denominación se guarda como Sabbath el sábado y no el domingo. Los Adventistas del Séptimo Día destacan por su milenarismo y sabatismo.
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“Adventismo” se aplica más comúnmente, sin embargo, al movimiento originado hacia 1830 en las enseñanzas de William Miller, ministro bautista de Nueva York. Miller profetizó muy confiado el retorno inminente de Cristo y fijó 1843-44 como época para el acontecimiento; el movimiento milenarista se difundió rápidamente entre las iglesias del Noreste. Cuando el retorno previsto no ocurrió como Miller había predicho, una reinterpretación de las Escrituras estableció el 22 de octubre de 1844 como la fecha correcta, y ese día los fieles concurrieron a sus locales de reunión a adorar y esperar. La "Gran decepción" que siguió al fracaso de la profecía indujo a muchos milenaristas a abandonar el movimiento y volver a las iglesias de las que nunca se habían separado formalmente. El propio MIiller reconoció su error y se apartó del movimiento y de todo futuro intento de redimirlo.
No obstante, una serie de nuevos signos, visiones y profecías alimentó los renuentes espíritus de quienes se negaban a renunciar a sus esperanzas adventistas. Ya al día siguiente de la Gran Decepción, Hiram Edson, un líder adventista, tuvo una visión que confirmó la significación profética de la fecha 22 de octubre de 1844, pero aclaró que ésta marcaba un acontecimiento celestial y no terrenal. En ese día Cristo se había trasladado a lo más santo del santuario divino para comenzar una nueva etapa de su ministerio redentor. Ese ministerio fue definido en última instancia en la doctrina adventista del juicio investigador; Cristo entró en el santuario a revisar los actos de cristianos declarados, para determinar qué nombres deben incluirse en el Libro de la Vida. Otras revelaciones subsiguientes a la Gran Decepción le llegaron a Ellen G Harmon, una joven discípula de Miller en Portland, Maine.
Ella fue rápidamente aceptada como profetisa, y sus enseñanzas, como autorizadas. El revivido movimiento también adoptó el sabatismo y la doctrina de que la aceptación del descanso al séptimo día era la marca de la verdadera iglesia. La observancia del séptimo día y el ministerio del juicio investigador de Cristo, confirmados por la revelación profética de la señora Ellen (Harmon) White, completaron los fundamentos del Adventismo contemporáneo. La mayoría de los grupos adventistas adhieren además a la creencia en el sueño del alma y la aniquilación del malvado; su fuerte énfasis en las enseñanzas del AT condujo también a su tradicional preocupación por la dieta y la salud.
Dos grupos adventistas importantes representan hoy al movimiento: la Iglesia Cristiana del Advenimiento y los Adventistas del Séptimo Día, numéricamente predominantes. Se diferencian un tanto en su adhesión a las doctrinas adventistas esbozadas más arriba. Tradicionalmente se ha identificado a los Adventistas del Séptimo Día como un culto entre las iglesias cristianas; tal clasificación proviene de la objeción de los teólogos cristianos de que la autoridad que la iglesia concede a las profecías de la señora White compromete la completitud de la revelación escritural. Sostienen además que la doctrina del juicio investigador compromete la doctrina bíblica de la justificación sólo por la fe, y lleva a una seguridad de la salvación basada en la obediencia perfecta más que en la fe.
En años recientes, sin embargo, los teólogos adventistas del Séptimo Día han tendido a considerar las profecías de la señora White como sujetas a interpretación conforme a las Escrituras canónicas, y han propuesto una comprensión más evangélica de la justificación por la fe. Consecuentemente algunos líderes evangélicos, en ningún caso todos, han comenzado a ubicar al Adventismo del Séptimo Día bajo el palio de la ortodoxia. En años recientes esta división de opiniones sobre la postura teológica del movimiento se refleja dentro del grupo mismo en el intenso debate teológico de estos temas.
La Iglesia Adventista del Séptimo Día experimentó un rápido crecimiento en el período posterior a la 2ª Guerra Mundial. Esta iglesia, sin embargo, todavía tiende a retraerse de entre las denominaciones cristianas y ha mantenido la educación de sus niños sistemáticamente bajo su propio alero. Los Adventistas se han hecho especialmente conocidos por sus ministerios de cuidado de la salud; sus tradicionales preceptos dietéticos, incluída su prohibición del café y el té y su defensa del vegetarianismo, se adelantaron en muchas décadas a otros movimientos contemporáneos en estas áreas. La centralidad de los eventos que rodean la vuelta de Cristo en el premilenarismo, que llegó a ser tan esencial en el desarrollo del movimiento fundamentalista y del énfasis contemporáneo en la inminente segunda venida de Cristo en las iglesias evangélicas en general, muestra la continua significación del Adventismo general en la tradición cristiana.
M E Dieter
Bibliografía P G Damsteegt, Fundamentos del mensaje y misión adventistas del Séptimo Día; L E Froom, La fe profética de nuestros padres; W Martin, El reino de los cultos; F D Nichol, Grito de Medianoche; G Paxton, El remezón del Adventismo; Loas Adventistas del Séptimo Día responden preguntas sobre doctrina; A.A. Hoekema, Los Cuatro Cultos Principales.
Véase también
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