Los primeros capítulos de los Hechos contienen un retrato idílico de la comunidad de Jerusalén orando junta, practicando la propiedad común y predicando. El autor atribuye la vitalidad y la actividad del cristianismo al Espíritu Santo, que juega un rol prominente en los Hechos. Los discursos constituyen un tercio del libro, y los sermones iniciales de Pedro resumen el mensaje según lo entendido por el autor de Hechos. Tres de las ideas dominantes son que Cristo es el cumplimiento de las promesas del Antiguo Testamento, que la salvación llega por Su intermedio y que la comunidad cristiana es el nuevo pueblo elegido.
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Anthony J Saldarini
Bibliografía
D S Crowther, Atlas y esquema de los Hechos de los Apóstoles (1983); E Haenchen,
Los Hechos de los Apóstoles: Comentario (1971); E F Harrison, Interpretación de Los
Hechos (1986).
La investigación reciente, no obstante, ha llevado a la opinión de que el autor tuvo a su disposición nada más que el diario de viaje del que en realidad era un compañero de San Pablo. El autor pudo haber sido entonces uno de los numerosos primeros cristianos conocidos más tarde sólo por las anónimas piezas literarias que escribieron, pero para la conveniencia de la referencia, los eruditos siguen refiriéndose al autor como Lucas.
Cubriendo un período de aproximadamente 30 años, la historia proporciona valiosos antecedentes de la iglesia judeo-cristiana en Palestina conducida por Pedro y Santiago, pero tiene su mayor énfasis en el notable crecimiento de la misión a los gentiles, emprendida por Pablo, que de ese modo es su primer “héroe” en lo humano. Particularmente significativos son los numerosos discursos del personaje principal; aquel en el Areópago en Atenas (cap. 17) puede haber sido propuesto por Lucas como modelo de la prédica del evangelio al mundo gentil.
J. Louis Martyn
2. Transición del ministerio judío al gentil, incluyendo la predicación en Samaria (cap. 8), la conversión de Pablo (cap. 9) y el comienzo del trabajo a gentiles en Cesárea (cap. 10) y Antioquía (caps. 11, 12)
3. Viajes misioneros de Pablo (caps.13 a 28)
El autor aparece por primera vez en la narración en 16:11, y desaparece hasta la vuelta de Pablo a Filipo dos años después, cuando él y Pablo dejaron juntos ese lugar (20:6), y de ahí en adelante los dos parecen haber sido compañeros constantes hasta el final. Él estaba ciertamente con Pablo en Roma (28; Col. 4:14), de modo que escribió buena parte de la historia a partir de la observación personal; para lo que estaba más allá de su propia experiencia, contaba con las instrucciones de Pablo. Si, como es muy probable, 2 Tim. fue escrito durante el segundo encarcelamiento de Pablo en Roma, Lucas estaban con él entonces como su fiel compañero hasta el fin (2 Tim. 4:11).
De su historia posterior no tenemos información fidedigna. El propósito del Evangelio de Lucas era mostrar el carácter y obra de Cristo como se vé en su historia hasta que les fue arrebatado a sus discípulos y llevado al cielo; y el de los Hechos, como su continuación, ilustrar el poder y efecto del Evangelio cuando se le predica entre todas las naciones, "partiendo por Jerusalén". Las frases iniciales de los Hechos son nada más que la ampliación y explicación de las palabras finales del Evangelio. Lo que tenemos en este libro es la continuación de la historia de la Iglesia después de la ascensión de Cristo.
Lucas sigue aquí la historia en el mismo espíritu en el que lo había empezado. Es solamente el libro de los comienzos, una historia de la fundación de iglesias, los pasos iniciales en la formación de la sociedad cristiana en los diversos lugares visitados por los Apóstoles. Registra un ciclo de "acontecimientos representativos". A través de todo el relato vemos el poder omnipresente, omnímodo, del Salvador eterno; Él lo obró todo y en todos al difundir su verdad entre los hombres por su Espíritu y por la instrumentalización de sus apóstoles. La época de escritura de esta historia se puede deducir del hecho de que la narración se extiende hasta el fin del segundo año del primer encarcelamiento de Pablo en Roma; en consecuencia, no habría podido ser escrita antes del 61 o 62 A.D., ni después de fines de 63 A.D. Probablemente Pablo fue ejecutado durante su segundo encarcelamiento, alrededor de 64 A.D. o, como algunos creen, 66. El lugar donde se escribió el libro fue probablemente Roma, a donde Lucas acompañó a Pablo.
El clave del contenido del libro está en 1:8, "Daréis testimonio de Mí en Jerusalén, y en todo Judea, y en Samaria, y en los confines de la Tierra". Después de referirse a lo que se había consignado en un "tratado anterior" de los refranes y obras de Jesucristo antes de su ascensión, el autor narra las circunstancias relativas a ese acontecimiento, y luego registra los hechos principales referentes a la expansión y triunfos del cristianismo en el mundo durante un período de cerca de treinta años. El recuento empieza con Pentecostés (33 A.D.) y termina con el primer encarcelamiento de Pablo (63 o 64 A.D.). Todo el contenido del libro se puede dividir en estas tres partes: (1.) Caps. 1-12, que describen los primeros doce años del Iglesia cristiana. Esta sección ha sido llamada "de Jerusalén a Antioquía"; contiene la historia del establecimiento y expansión de la iglesia entre los judíos por el ministerio de Pedro. (2.) Caps. 13-21, viajes misioneros de Pablo; narra la divulgación e instauración de la iglesia entre los gentiles. (3.) Caps. 21-28, Pablo en Roma, y los acontecimientos que condujeron a ello; a los caps. 13-28 se les ha denominado "De Antioquía a Roma".
Es digno de notar que en este libro no se menciona que Pablo escribiera ninguna de sus epístolas, lo que se puede explicar por el hecho de que el autor se limitó a la historia de la instalación de la iglesia, y no a la de su entrenamiento o edificación. Sin embargo, la relación entre esa historia y las epístolas de Pablo es tal, esto es, saca a luz tantas coincidencias inesperadas, que prueba la autenticidad y fidelidad de ambas, como tan hábilmente muestra Paley en su Horce Paulince. "Ninguna obra antigua presenta tantas pruebas de veracidad; ninguna otra, ya sea judía, griega o romana, tiene tan numerosos punto de contacto en todas direcciones con la historia, la política y la topografía contemporáneas". (Véase Pablo).
Nuestro Señor les dio las "llaves del reino", y por el don de su Espíritu los preparó para ser los fundadores y conductores de su iglesia (Juan 14:16, 17, 26; 15:26, 27; 16:7-15). A ellos, como representantes de su iglesia, les dio la instrucción de "predicar el Evangelio a todas las criaturas" (Matt. 28: 18-20). Después de Su ascensión les comunicó, según les había prometido, dones subrenaturales para calificarlos en el cumplimiento de sus deberes (Hechos 2:4; 1 Cor. 2:16; 2:7, 10, 13; 2 Cor. 5:20; 1 Cor.11:2).
Judas Iscariote, uno de "los doce", cayó por la trasgresión, siendo reemplazado por Matías (Hechos 1:21); Saúl de Tarso fue posteriormente agregado a su número (Hechos 9:3-20; 20: 4; 26:15-18; 1 Tim. 1:12; 2:7; 2 Tim. 1:11). Algo relató Lucas de Pedro, Juan, y los dos Santiago (Hechos 12:2, 17; 15:13; 21:18), pero más allá de eso no sabemos nada históricamente auténtico del resto de los doce iniciales. Después del martirio de Santiago el Mayor (Hechos 12:2), Santiago el Menor vivió generalmente en Jerusalén, mientras que Pablo, "el apóstol de la incircuncisión", viajó habitualmente como misionero entre los gentiles (Gál. 2:8).
Era característico de los apóstoles, y necesario (1) que debían haber visto al Señor, y ser capaces de dar testimonio de El y de Su resurrección, por experiencia personal (Juan 15:27; Hechos 1:21, 22; 1 Cor. 9:1; Hechos 22:14, 15); (2.) haber sido inmediatamente llamados a esa responsabilidad por Cristo (Lucas 6:13; Gál. 1:1). (3.) Era esencial que fueran infaliblemente inspirados, y estuvieran así asegurados contra toda confusión y error en su magisterio público, ya fuera de palabra o por escrito (Juan 14:26; 16:13; 1 Tes. 2:13); (4.) Otra característica era el poder de obrar milagros (Marcos 16:20; Hechos 2:43; 1 Cor. 12:8-11). Por consiguiente, los apóstoles no habrían podido tener sucesores; eran los únicos maestros autorizados de las doctrinas cristianas, y el cargo de apóstol cesó con su primer ocupante. En 2 Cor. 8:23 y Fil.. 2:25 la palabra "mensajero" es la transcripción de la misma palabra griega, traducida por “apóstol” en todas las demás partes.
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